|
Tan lleno de gente, tan lleno de otros y al final el vacío que se apodera poco a poco, lentamente, definitivamente de todo lo que me rodea, de todo lo que soy y no soy yo. Es el vacío de las noches en vela, es el vacío de las tardes largas y tediosas tan llenas y tan faltas de los demás.
De repente y de la nada, ella se aparece y me mira con lascivia profunda, me mira con sus bien conocidos ojos encendidos, me mira tan profundamente, tan dulce y terriblemente que traspasa la misma médula, la misma esencia de mi alma por las noches. Y de un alarido lúgubre y sordo se abalanza sobre mí y con su lengua larga y sublime me lame el pecho y me arranca desde el fondo la vieja pero segura roca que palpita al fondo de todo lo que soy. De roca, tan roja y tan pútrida, tan roja y tan horrorosamente bella.
Pero aún con todo sigue latiendo, tal vez no por mucho, pero mientras lo sigue haciendo mientras ella lo mira con desdén y se apresta sin remordimientos a golpear y estrujar para sacar su contenido mientras en desesperación me aferro a la pesada piedra que palpita y es mía, y ella le lame y le muerde y le roe mientras la piedra se hace agua, mientras la piedra se hace agua. Ella se ríe, la muy infame se ríe y se burla de mi incómodo e insignificante tesoro.
Inmediatamente viene la cascada, la enorme cascada que fluye entre los alaridos nocturnos de ella y míos, mientras mis ojos se tiñen de azul, mientras los sujos se tiñen de rojo y se mezclan en el mar espiral mientras la piedra se sumerge y me deja en el negro torbellino sin nada a lo cuál aferrarme… y son tantas las vueltas, tan vertiginosas, tan rápidas, tan seguras y definitivas que me llevan al fondo de esa mar negra y en penumbra mientras no puedo gritar siquiera el nombre de nadie, mientras ella, soledad se ríe de mi mudo intento por nadar y tratar de escapar cargando con ese pesado lastre.
Siempre ha sido así de exigente por las noches cuando se presenta a rendirme cuentas y descubre con disimulada alegría que aún late todo… y el torbellino es tan grande, las nubes tan densas, las estrellas tan apagadas mientras todo gira conmigo y me suspendo en el agua que me lleva irremediablemente y me arroja sin compasión hasta la profundidad de los abismos oscuros de mi alma.
Mientras giro y me trato de aferrar, ella en su suspendida y terrible gracia se lanza a las aguas crispadas del leviatán mientras se despoja de toda vestimenta, mientras sus finísimos cabellos, sus preciosísimos cabellos, sus delegados cabellos como hojas de daga me hacen saltar de dolor y sangre, como la ultima vez que se aferraron tan fuerte a mi muñeca derecha en el dulce beso del metal inoxidablemente perfecto de su filo.
Al caer en el agua, al caer ella sobre mí me pide pactos de carne exclusiva que trato de negar, y ella que es tan sabia y maldita se apoya sobre mi vientre y se lanza una vez más a las alturas en un festín de carcajadas y gritos de condena eterna, de condenas ardientes y heladas por siempre hacia los confines de las tres eternidades que me quedan.
Y todo gira, más y más rápido gira todo y giro yo en busca de una cuerda, de una mano que nunca llega, de las cuencas vacías de los inexistentes espectadores mientras me voy hundiendo en las espirales negras del agua… y me succionan en el estruendo del relámpago convertido en sonora manifestación del destino… y caigo… y caigo y me precipito hacia el abismo cuyo final es incierto… cuyo final es la fuerte caída sobre mi propio cuerpo en mi cama que se estremece por el profundo desplome que me despierta en desesperación aún muda… en mi cara que se hunde sin remedio en la almohada para emitir el grito final de desesperación, en las lagrimas de rabia e impotencia, en las lágrimas de rabia y dolor que se aferran ya tan seguido a la tersa y grosera tela que da reposo a lo que me queda de consciencia… Y ella se va alejando entre risas y penumbras, entre la niebla, entre las últimas visiones de una mala noche en mi desierto personal sin estrellas… y cuya compañía es el maltrecho latido inoportuno y siempre molesto para los demás de mi personal e insignificante roca.
Maldito mes ¿Cuándo acabarás por fin? ¿Cuándo? |